Los Shakers hizo vibrar a un público cincuentón en su tierra 10MUSICA.COM música



Los Shakers hizo vibrar a un público cincuentón en su tierra



Montevideo (Télam, por enviado especial Héctor Puyo).- El mítico grupo uruguayo de rock Los Shakers se presentó en el montevideano Teatro de Verano del Parque Rodó, y ante unos 3 mil espectadores que ocuparon tres cuartas partes de la capacidad del lugar rompió un silencio de 37 años


Hugo y Osvaldo Fattorusso, Carlos "Caio" Vila y Roberto "Pelín" Capobianco, quienes habían tomado distintos caminos musicales, se reencontraron y celebraron ante su público y en su tierra.


El show concitó gran expectativa, nervios en el "backstage", repercusión en la prensa escrita y los augurios al pie del escenario de artistas como Rubén Rada y el cómico y animador Cacho de la Cruz, pero algunos blancos vistos en la amplia platea al aire libre pudieron atribuirse a lo frío y ventoso de la noche.


La espera del público se vio compensada al aparecer el cuarteto, tras un efecto de humo -lo único extramusical visto e la platea que no careció de réplicas festejables: el resultado fue media docena de temas más, desgranados ya en una celebración entre amigos.


En su sobriedad, el concierto sirvió para comprobar que el paso de los años tiene sus ventajas y desventajas: la voz de Hugo -el encargado de remedar la coloratura de Paul McCartney- ya no es la misma, pero todo el grupo ha crecido en musicalidad.


El propio pianista -elogiado alguna vez por Chick Corea- llegó a momentos de enorme musicalidad, no sólo en el teclado, sino con la guitarra y aún con la armónica, que en cierto momento le jugó una mala pasada.


Hay modificaciones instrumentísticas a la vista, ya que sin bien los cuatro siguen en la tentanción del rock "cuadrado" de sus principios, con dos guitarras, bajo y batería, la cosa ahora consiste básicamente en bajo (Pelín), teclado (Hugo) y dos baterías (Osvaldo y Caio).


Lo que no quiere decir que sólo se queden en ellos; Pelín se lució en sus intervenciones de bandoneón -que a veces generaron aplaudidos solos- y Osvaldo se dio el lujo de remedar a Tony Bennett y Frank Sinatra con lujos expresivos.


El músico vivió un momento de incertidumbre al frente de la batería -con la que hizo contrapuntos memorables con Caio-, cuando en el frenesí se le cayó un palillo y se agachó a buscarlo sin dejar de tocar con la otra mano. No pudo recogerlo y debió tomar otro más lejano para poder seguir: muy pocos se dieron cuenta del percance.


Muchos de los mejores momentos sucedieron cuando el cuarteto se dejó llevar por la improvisación, con la base maestra de Hugo con cualquiera de sus instrumentos, e incluso cuando se incorporó un trío de jóvenes tamborileros -dos pianos y un repique-, que en poco más de un cuarto de hora demostraron la fuerza del músico popular.


En ese lapso los jóvenes del montevideano barrio Palermo se transformaron en una impresionante columna vertebral, en tanto los titulares recorrían en un incesante cambio de instrumentos todos los ritmos, con esa acepción tan particular del candombe-rock.


Habrá que ver qué sucede en Buenos Aires hacia el otoño, cuando Los Shakers lleguen para recuperar el afecto de un público que, según se dice, les es aún más fiel que el de su país de origen.